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Noticias del Ministerio Hispano

Queridos hermanos:

En el evangelio de hoy, los discípulos le pidieron a Jesús, “Señor, enséñanos a orar.” En respuesta, Jesús les dio la oración que llamamos el Padrenuestro, o la Oración del Señor.

Desde los primeros días de la Iglesia, la Oración del Señor ha sido “la oración de la Iglesia.” Junto al Credo, es el símbolo del contenido de la fe de la Iglesia. Cuando nos reunimos como el Cuerpo Místico
de Cristo para la celebración de los sacramentos y la Liturgia de las Horas, rezamos juntos el Padrenuestro.

Tertuliano, un teólogo de la Iglesia antigua, describió la Oración del Señor como “el resumen de todo el Evangelio.” San Agustín, padre y doctor de la Iglesia, dijo, “Recorran todas las oraciones que hay en
las Escrituras, y no creo que puedan encontrar algo que no esté incluido en la Oración del Señor.” Santo Tomás de Aquino, el gran maestro y doctor de la Iglesia que vivió en la Edad Media, llamó la Oración del Señor “la más perfecta de las oraciones” y dijo que en esta oración “no sólo pedimos todo lo que podemos desear con rectitud, sino además según el orden en que conviene desearlo.”

Entonces, cuando rezamos esta Oración durante la Santa Misa, recemos con atención y fervor, nunca con distracción o por hábito. Jesús mismo, presente en el altar, está rezando con nosotros; su oración es nuestra oración, y es una oración perfecta.

En oración con ustedes,

Padre Felipe

Queridos hermanos:

En el evangelio de hoy, Marta y María nos dan ejemplos de las dos dimensiones de nuestra vida de fe: Marta es un ejemplo de la dimensión activa, y María es un ejemplo de la dimensión contemplativa. Necesitamos las dos; la fe que no se pone en práctica está muerta, y la fe que no se alimenta con oración frecuente no es una fe verdadera en ninguna forma.

Cuando Jesús dice que “María escogió la mejor parte,” nos está recordando que la oración debe ser prioridad en nuestras vidas. Recordemos las palabras del Papa Juan Pablo II: “Un peligro constante para los obreros evangélicos consiste en dejarse implicar de tal forma en su propia actividad por el Señor, que se olviden del Señor de toda actividad.” Que nunca nos sometamos a este peligro; que recordemos “el Señor de toda actividad,” y hablemos con Él cada día.

Les deseo una semana llena de oración, y permanezco...

En oración con ustedes,

Padre Felipe

Queridos hermanos:

En el evangelio de hoy, Jesús envía a sus discípulos con el mandado de anunciar la Buena Nueva. Los manda de dos en dos, para que muestren la caridad y la unidad con sus acciones al igual que con sus
palabras. Les instruye a anunciar, en particular, dos cosas especificas: “Que la paz reine en esta casa” (Lc. 10:5) y “Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios” (Lc. 10:11). Estas dos cosas—la paz y el Reino de Dios—andan juntos. No podemos alcanzar la paz en nuestros corazones si no tenemos la paz entre nosotros y nuestro prójimo; y no podemos alcanzar la paz en estas dos maneras sin tener la paz entre
nosotros y Dios. Que siempre cultivemos la paz en todas estas maneras: con Dios, en nuestros corazones, y en nuestras comunidades.

Este evangelio me recuerda de los miembros de varios ministerios en nuestra parroquia quienes van tocando a las puertas, invitando a nuestra parroquia a cada persona que encuentren. Yo agradezco esta obra de evangelización y espero que continúe de la manera que vemos en el evangelio de hoy: siempre en grupos (por lo menos, de dos en dos, como en el evangelio); siempre anunciando la paz y la cercanía de la parroquia y los sacramentos (que quiere decir la cercanía del Reino de
Dios).

Cuando ustedes están compartiendo la buena nueva de nuestra parroquia, sería útil darles a las personas en cada hogar una copia del boletín. Indíquenles especialmente el horario de las misas y confesiones, y también esta página en español. Muéstrenles la información que contiene (arriba y en el lado derecho) de cómo comunicarse con nosotros para varias necesidades pastorales y
sacramentales.

La palabra “apóstol” en el idioma griego quiere decir “alguien quien está enviado.” Entonces, ¡todos nosotros somos apóstoles! Continuemos difundiendo la buena nueva y la invitación de Jesucristo y de nuestra parroquia en todos los vecindarios que nos rodean. Entonces las palabras de Jesús a sus primeros discípulos en el evangelio de hoy se aplicarán a nosotros también: “Sus nombres están escritos en el cielo.”

En oración con ustedes,

Padre Felipe

Queridos hermanos:

“¿Quién es mi prójimo?” Cuando el doctor de la ley le preguntó a Jesús de esta manera, su intención fue ponerlo a prueba para ver si Jesús cayía en error. Pero Jesús devolvió la pregunta, exponiéndole el caso práctico del samaritano en camino a Jericó.

Conocemos bien la parábola y su lección: Cada persona es nuestro prójimo. Su raza no es importante; su lengua, su posición económica y sus creencias no son importantes. Aún las personas que nos consideren enemigos son nuestros prójimos. Y como vemos en la parábola de Jesús, las personas quienes necesitan ayuda son nuestros prójimos de una manera particular.

El ejemplo del samaritano nos muestra cómo debemos tratar a nuestros prójimos necesitados. Él ayudó al hombre herido hasta sacrificarse a si mismo, dejando sus otras actividades para ungir y vendar las heridas del hombre desafortunado y llevarlo a una posada, sufragando los gastos de su cuidado.

Algunas preguntas se nos sugieren:

      ¿Respondo a las necesidades de las personas que encuentro sin juzgarlas?
      ¿Estoy dispuesto a dejar aparte mis planes para ayudar a una persona desafortunada?
      ¿Amo a los necesitados hasta el sacrificio?

Las dos personas quienes pasaron de largo al hombre herido probablemente tuvieron razones lógicas y convincentes. Sin embargo, la caridad verdadera sobrepasa tales razones para sacrificarse sin egoísmo.

Que aceptemos y respondamos a esta enseñanza desafiante del Señor con generosidad y con la fuerza de su gracia.

En oración con ustedes,

Padre Felipe

Queridos hermanos,

¡Felicidades en la fiesta de nuestro patrón parroquial! San Juan Bautista es tan importante que la Iglesia universal celebra “La Natividad de San Juan Bautista” como una solemnidad. El Prefacio de la Misa de hoy indica el papel inigualable de Juan Bautista:

Es justo y necesario....darte gracias, Padre Santo,
por Cristo nuestro Señor.
Ya que en la persona de su precursor, Juan el Bautista,
podemos alabar tu magnificencia,
que lo distinguió con particular honor
entre todos los hombres.
El fue, en su nacimiento, ocasión de gran júbilo
y aun antes de nacer,
saltó de gozo por la visita del Salvador.
Sólo a él fue dado entre todos los profetas
presentar al Cordero, Redentor del mundo.
Bautizó con el agua, que habría de quedar santificada,
al mismo autor del bautismo,
por quien mereció
dar el testimonio supremo de su sangre....

¡Qué bendecidos somos, con un patrón tan prestigioso! Démosle gracias a Dios, y sigamos pidiéndole a San Juan Bautista su protección e intercesión; y tratemos, con la ayuda de Dios, de imitar las virtudes de nuestro San Juan Bautista.

En oración con ustedes,

Padre Felipe

 
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